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Qué es la Banda Gástrica Virtual

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Qué es la Banda Gástrica Virtual 2017-07-12T13:58:17+00:00

El problema de la obesidad se va expandiendo por el mundo de una manera alarmante: la cantidad de personas obesas en Europa y Asia Central se triplicó en las últimas dos décadas según los registros de la Organización Mundial de la Salud. Si la tendencia no varía, en el año 2010 uno de cada diez niños y uno de cada cinco adultos serán obesos.

De acuerdo con un informe del Parlamento Europeo, se calcula que unos catorce millones de niños de los Estados miembros tienen sobrepeso, mientras que otros tres millones son obesos. En algunas regiones de Europa, hasta el 27 % de los hombres y el 38 % de las mujeres son obesos.

Un drama particular

Ser gordo es una grave carga en nuestra sociedad. Quienes no lo son, quienes nunca han tenido que luchar contra su apetito, quienes nunca han escuchado en un negocio de ropa que le digan «No tenemos tu talla», lo ignoran. Muchos han creído la historia del «gordito simpático» desconociendo la historia patética que se esconde detrás de esa conducta, aprendida en la niñez, como un recurso extremo para ser –de alguna manera– aceptado entre los «otros», entre los delgados.

A quienes somos gordos, la naturaleza nos ha jugado una mala pasada, porque a nuestro lado conviven personas que comen igual o más que nosotros… ¡Y no engordan!

Esas personas comen cualquier cantidad, utilizan lo que su organismo necesita y el resto lo desechan sin consecuencias. Nosotros tenemos organismos «ahorrativos»: el excedente no utilizado de calorías ingeridas lo ahorramos almacenándolo en forma de tejido adiposo. Incluso hay algunos entre nosotros que pertenecían al bando de los flacos hasta que algo pasó: un parto, la menopausia, una rotura de meniscos, etc., y a partir de ese día, todo cambió.

Nosotros, si colocamos en una balanza de dos platillos las calorías que ingerimos y en otro las que gastamos en la actividad diaria, tenemos que la única manera de bajar de peso es que las calorías ingeridas sean menos que las consumidas. Esto es una verdadera ley invariable para nosotros y no debemos olvidarlo nunca.

O sea que debemos comer menos. ¡Pero eso es lo que hemos hecho una y otra vez, en cada dieta que hemos emprendido y el resultado final es que estamos cada vez más gordos! ¿Cómo es posible?

Todos los obesos podríamos parafrasear a Mark Twain que dijo: «Dejar de fumar es muy fácil. Yo mismo he dejado de fumar docenas de veces» ya que, en reiteradas oportunidades, hemos alcanzado el peso deseado y, a continuación, vuelto a subir. Con el agravante de que cada vez nos resulta más difícil bajar (nuestro cuerpo aprende a vivir con menos calorías durante tiempos de dieta) y a la vez recuperamos más velozmente los kilos perdidos. A tal punto es así, que un autor mexicano, registrando el hecho de que, cuantas más dietas hacemos más gordos estamos, escribió un libro titulado: «Las dietas engordan».

Razones naturales

Casi todos los mamíferos cuentan con un recurso que les ha servido a través de toda la historia para sobrevivir a sequías y hambrunas: cuando en la pradera, el bosque o el habitat natural falta el alimento, los animales disminuyen su gasto calórico a niveles inimaginables, y además van perdiendo su peso hasta morir de inanición. Pero ¿qué pasa cuando la sequía termina y vuelve a haber alimentos, con los animales que han sobrevivido, aunque estén muy flacos? Un mecanismo atávico que probablemente esté inscripto en el hipotálamo hace que cada uno recupere de forma rápida todo el peso perdido y algo más, como reserva adicional para futuras hambrunas.

Este mecanismo está presente en el género humano y es la explicación a ese fenómeno repetido de que, cuanto más enérgica ha sido una dieta, al dejarla, nos basta con «respirar profundo» y ya engordamos. Además, con cada dieta, nuestro cuerpo aprende cómo defenderse, o sea, como resistir la «hambruna» y como recuperarse (reengordar) más rápidamente.

Razones culturales

Uno de los mayores logros de cualquier niño en crecimiento es dejar atrás los pañales. Un bebé comienza a crecer y la madre le dice:

«Cuando quieras hacer pipí avísame rápido para llevarte al baño». El niño lo hace y aprende de esa manera a escuchar las señales que le envía su vejiga. Luego, se repite la enseñanza y el niño aprende a escuchar a su esfínter. Pero… ¿Qué sucede cuando el mismo niño dice: «Basta mamá, no deseo comer más?»

En ese caso, las madres ordenan o amenazan o chantajean… Inclusive les dicen: «Si comes toda la comida yo te premio con tu postre favorito». O sea, «si ignoras las señales de tu cuerpo y te comes toda la comida yo te premio con más comida». No solamente no le enseñamos a los niños a reconocer las señales que le envía su estómago sino que, prolijamente, les enseñamos a desoírlas.

Y alrededor de esto creamos toda una cultura que se inscribe en el hemisferio derecho del niño y que lo acompañará para siempre: «La comida no se tira; el plato debe quedar vacío; debes comerlo porque hay muchos niños que se mueren de hambre en el mundo», etc. Y luego nos asombramos cuando la gente come hasta que la comida se acaba o hasta que no cabe más en nuestro estómago. Y siempre cabe más, aunque sea «este poquito».

Razones psicológicas

Cuando los gordos comenzamos una dieta, lo primero que preguntamos es: «¿Cuándo se sale?», o sea, ¿Cuándo podremos volver a comer de todo? Nuestra actitud es la misma que si hubiéramos entrado en una cárcel o en un sanatorio. Y nos comportamos como presos que van anotando en la pared de su celda la cantidad de días que le faltan para la ansiada libertad. Y maquinamos venganzas y fantaseamos atracones. La clave de toda dieta es la prohibición y según describió Lacán: «La prohibición engendra el deseo».

Y continuamos acumulando presión, hasta que un día algo sucede: la balanza no responde, o nos peleamos con alguien o alcanzamos un determinado kilaje o se enferma un ser querido, o… (complete usted con lo que desee) y llegamos a un punto de quiebre donde nos decimos irremediablemente: «Me cansé. Ahora como y el lunes arranco de vuelta». Y luego decimos «El día ya está perdido» y entonces, todo vale. Comemos cuanta cosa encontremos, en cualquier orden y en cualquier cantidad. Y el alud se precipita, y la bola de nieve no hace sino aumentar y si el lunes recomenzamos, el martes volvemos a suspender y otra dieta más para nuestra historia. Y si bajamos cinco kilos en un mes y medio engordaremos siete en apenas dos semanas.

Podríamos comparar comer con comprar con una tarjeta de crédito. Porque en ambos casos hay una distancia entre el momento del placer (comprar/comer) con el del displacer: pagar el resumen, subirse a la balanza. Supongamos que usted ha decidido cuidarse estrictamente en los gastos porque está sobregirado, pero que se tentó y en un shopping se acaba de comprar un costoso par de zapatos. ¿Cuál es su reacción natural? Seguramente comenzará a devanarse los sesos para ver en qué puede ahorrar como una forma de compensar y minimizar las consecuencias de su exceso. Seguramente no se le ocurriría decir: «Ya está; la semana ya está perdida» y, a continuación, comprarse cinturones, carteras, etc.

Y de esa manera obramos los obesos. ¿Estamos locos? No. La razón es que nos comportamos como los presos a cadena perpetua. Si un condenado a cadena perpetua logra escaparse y sabe que inevitablemente lo van a detener en pocos días ¿Porqué se privaría de hacer nada malo? ¿Por qué dejaría de robar, tomar, violar? Si igualmente lo van a detener y devolver a la cárcel y su condena no puede ser mayor.

La banda gástrica ajustable es un excelente recurso quirúrgico que consiste en dividir el estómago en dos partes, como si fuera un reloj de arena, con una banda o cinturón que puede ser ajustado aún más desde afuera, de tal manera que la parte superior es la que finalmente funcionará como receptora de los alimentos. Y esa parte tiene un volumen muy pequeño, semejante al de dos huevos medianos.

Aún así, hay un porcentaje de pacientes que no adelgazan y aún que engordan. ¿Cómo es posible? Es así porque, si bien desaparece el lugar adonde «poner» la comida que se ha ingerido, continúa intacto el apetito que, contrariamente a lo que la gente supone, no está en el estómago sino en nuestra cabeza. Por eso, algunos pacientes entran en desesperación y comienzan a consumir helados, cremas, chocolates que se escurren fácilmente o, cuando prefieren los alimentos salados trituran y licúan las pizzas y las hamburguesas.

La operación reduce el estómago pero deja intacta la «cabeza de gordo». No es ésta una crítica a ese excelente recurso quirúrgico, ya que muchas veces es indispensable para salvarle la vida al hiperobeso. Al contrario, de él hemos tomado prestado el nombre y en muchas ocasiones le hemos colocado la Banda Gástrica Virtual ® a pacientes que tenían ya colocada la quirúrgica para permitirle cambiar sus conductas.

La Banda Gástrica Virtual

Por esas razones es que aunamos nuestros conocimientos profesionales a nuestra larga experiencia como obeso para diseñar un tratamiento psicológico que atacara la obesidad, no como una dieta más para bajar de peso, sino como una reprogramación para no volver a engordar luego, a partir de la incorporación al inconsciente de nuevas pautas de conducta frente a la comida.

La Hipnosis Clínica aplicada por los psicólogos no se parece al espectáculo al que nos tienen acostumbrado el cine y la televisión. Se trata de un estado muy placentero de relajación, donde los pacientes entienden y recuerdan todo y no llegan a estar inconscientes nunca, aunque por la disminución de algunas inhibiciones conscientes, alcanzan recursos y potenciales usualmente dormidos o inalcanzables pudiendo, de esa manera, inscribir de manera muy profunda ideas y convicciones, tal como sucedió en la primera infancia, cuando fuimos educados y formados por nuestros padres. En una sesión, que puede ser grupal o individual, los pacientes incorporan tanto consciente como inconscientemente nuestra filosofía y las consignas que se van a convertir en conductas automáticas frente a la comida, facilitándoles la pérdida de peso. Además se les entregan dos grabaciones que deberán escuchar al menos una vez al día. Una de las mismas es de inducción al sueño y deberá escucharla cada noche al irse a dormir. En realidad se quedará dormido escuchándola, con lo que –adicionalmente- podrá solucionar casi todos sus problemas de insomnio o de mal descanso: muchos de nuestros pacientes, además de adelgazar, dejan de tomar ansiolíticos o hipnóticos para lograr descansar. La otra deberá ser escuchada en vigilia, al menos una vez al día. La reiteración diaria de las consignas permite su inscripción en el inconsciente y su reaparición en la conciencia como surgida desde adentro. O sea, que no hacemos más gruesos los barrotes de la celda: logramos que la modificación de las conductas frente a la comida sea una decisión autónoma, evitando así esa presión acumulativa que conduce inevitablemente a las recaídas. La consecuencia esperable es una disminución drástica del apetito a menos del 50%. Por supuesto que esto no garantiza, de por sí, la bajada de peso, a menos que sea acompañada de correctas elecciones. Y así se puede lograr el viejo sueño de los gordos: bajar de peso sin seguir una dieta estricta: «cuidándose».

No competimos

Nosotros no damos dietas, porque la Banda Gástrica Virtual no es un tratamiento médico, pero es perfectamente integrable con cualquier dieta que el paciente quiera o deba cumplir: precisamente una de las instrucciones que se le implantan día tras día es la de «cumplir la dieta con alegría», ya que esa es la única manera de mantener una conducta estable en el tiempo frente a un plan de alimentación.

También aquellos que han sido sometidos a alguna cirugía pueden encontrar en este tratamiento el recurso que les permita no sufrir más por la disminución de comida.

Desde principios de 2008 hemos elegido a los más destacados profesionales en cada área y los formamos para que puedan aplicar este tratamiento: España, México, Venezuela, Colombia y Uruguay ya cuentan con terapeutas preparados. Muchos ellos son profesionales que ya trabajaban previamente con obesos pero que estaban decepcionados porque verificaban con dolor cómo, una y otra vez, sus pacientes abandonaban el tratamiento o, al alcanzar su peso, recuperaban rápidamente los kilos perdidos. Y precisamente, la Banda Gástrica Virtual nació para enfrentar estas situaciones.

Armando Scharovsky
Licenciado en Psicología. Director del Instituto Scharovsky de Hipnosis Clínica Reparadora

REGRESIÓN A UNA VIDA PASADA

Es posible obtener información semejante de hipotéticas vidas pasadas, con resultados muchas veces espectaculares: cura de fobias y dolores en una sola sesión, etc. Para quienes creen en la reencarnación se trata de verdaderos recuerdos de vidas anteriores. Para los escépticos se trataría de formaciones simbólicas del inconsciente, a la manera de los sueños.

INTROSPECCIÓN GUIADA REPARADORA

El objetivo no es «terapéutico» en el sentido psicológico del término, sino de REPARACIÓN ESPIRITUAL, dado que en ese proceso de mirada hacia dentro lo que se busca es hallar las raíces profundas donde nuestro espíritu quedó afectado, para poder asistirlo y repararlo.

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